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JUEGO DE PELOTA


Amontona hojas, ansía realzar este continente y caída,
telegrafiar el suceso, como si se pudiera transcribir la experiencia-encuentro.
Emma Villazón


Dentro de un rectángulo, estaban los enjambres de bestias ceñidas, con los cuerpos dispuestos a sumirse en el vértigo.  Era un día helado y con viento, pero las miradas desafiantes que intercambiaban transmitían aura ardiente. Un grito  los atravesó a todos de tal manera que comenzaron oscilantes, y eso no era todo, porque la constricción de sus galopes buscaba un objetivo en común: el brote de una esfera que venía un buen tiempo amasando el polvo. A veces la compartían, solo a veces, porque cuando alguno lograba hacerse con la bocha, sus antenas vibraban, y la figura entera serpenteaba tratando de nadar entre una fronda de florecientes y hambrientas extremidades. Pero la fuerza de atracción de la bola parecía decaer al abandonar el perímetro, porque el movimiento se detenía abrupto, aunque no así el bullicio que se encargaba de mantener vivo el fogueo.


Mi primera hipótesis indica que se trata de la recreación de un mito fundamental en su universo, en el cual los espíritus mayores tras disputar su dominio sobre la materia terrenal, terminaron por dar vida al movimiento de los astros.     
   

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